La infraestructura espacial es un nuevo motor económico y Ecuador tiene la oportunidad de participar, desarrollar capacidades propias y competir en el mundo.
Por: Lorena Naranjo Godoy – (Columnista diario El Comercio) Nota Original
Cuando pensamos en la industria espacial, imaginamos naves lejanas, astronautas y misiones multimillonarias. Sin embargo, esta industria está mucho más cerca de nuestra vida cotidiana de lo que creemos.
La economía espacial dejó de ser ciencia ficción o un espacio reservado para grandes potencias. Hoy es un ecosistema tecnológico y económico compuesto por infraestructura en órbita y una extensa red de servicios que funciona desde la Tierra.
Para entender qué oportunidades representa para nuestro país, conversamos con Juan Jaramillo, ingeniero en sistemas, con una maestría en Seguridad y Defensa Nacional, y gerente de operaciones de la empresa ecuatoriana ASTRALINTU.
“El espacio no es un monopolio exclusivo de genios lejanos o de potencias como China y Estados Unidos. Es una enorme cadena logística y tecnológica donde cualquier país emergente puede competir si enfoca adecuadamente sus capacidades”.
¿Qué es realmente la economía espacial y por qué nos afecta hoy?
En palabras sencillas, la economía espacial abarca las actividades vinculadas con el espacio y los productos y servicios que generan valor en la Tierra.
Aunque la parte más visible son los cohetes y satélites, detrás existe una enorme cadena tecnológica e industrial.
Para que un satélite sea útil necesita comunicaciones, software, estaciones terrenas, centros de control, procesamiento de datos y personal especializado trabajando desde el suelo.
Ahí aparecen oportunidades en software, telecomunicaciones, electrónica, ingeniería, análisis de datos e investigación aplicada.
Sus resultados llegan a actividades concretas como agricultura de precisión, monitoreo ambiental, control marítimo o prevención de desastres.
¿Cómo funciona la infraestructura que conecta el espacio con la Tierra?
Una parte fundamental son las estaciones terrenas, instalaciones con antenas, sistemas de radiofrecuencia, redes y software especializado que permiten comunicarse con los satélites en órbita.
Cuando un satélite toma una imagen o recopila información, transmite esos datos hacia la tierra. La estación los recibe y los envía a los sistemas donde serán procesados. La comunicación también funciona al revés, desde tierra se transmiten instrucciones para indicarle al satélite qué tareas debe realizar.
Como explica Jaramillo: “Nosotros, más que un tema tradicional de telecomunicaciones, hacemos lo que se conoce como sostenimiento de operaciones espaciales”.
Podemos tener tecnología sofisticada orbitando el planeta, pero sin infraestructura en tierra que permita comunicarse con ella, buena parte no tendría utilidad.
¿Por qué el desarrollo espacial es un motor económico indirecto?
Todavía existe la idea de que invertir en el sector espacial es un lujo reservado para las grandes potencias.
Pero una parte importante de su impacto no está únicamente en llegar al espacio, sino en todo lo que un país debe desarrollar para intentarlo.
Jaramillo lo resume así: “Los países no se desarrollan por ir al espacio; se desarrollan al tratar de ir al espacio”.
En el camino se forman profesionales, nacen empresas, se desarrollan tecnologías y se abren oportunidades para atraer inversión.
El desarrollo espacial puede convertirse así en una excusa positiva para juntar ciencia, tecnología, industria, educación, empresa privada y Estado.
¿Cuéntanos sobre ASTRALINTU, el primer paso en tierra firme?
ASTRALINTU nació en el 2020 de la unión de profesionales de distintas generaciones y especialidades alrededor de un mismo proyecto. El objetivo era traer la industria espacial a Ecuador de manera rentable y sostenible. La experiencia demostró que esa diversidad podía convertirse en una fortaleza para innovar.
En ese proceso, Ecuador fue sede en 2022 de la IAF Global Conference on Space for Emerging Countries(GLEC 2022), realizada en Quito. El encuentro reunió en nuestro país a representantes de la comunidad espacial internacional y ayudó a demostrar que Ecuador podía participar seriamente en una industria global.
Lo que arrancó en 2020 casi como una “startup de garaje”, con una pequeña estación de investigación y prueba, evolucionó, gracias a la asociación con Grupo Futuro, hacia infraestructura espacial dedicada en Urcuquí, Imbabura.
Allí se está construyendo una estación terrena comercial y privada de alta capacidad para prestar servicios a operadores satelitales y que empieza a operar a finales de este año. Esta infraestructura permite que Ecuador comience a formar parte de la cadena internacional de servicios que sostiene las operaciones de satélites en órbita.
“El desarrollo espacial es un pretexto que genera una justificación nacional para el desarrollo tecnológico”.
Ecuador no necesita comenzar construyendo cohetes ni copiando los programas de las grandes potencias. Puede entrar en esta industria desde aquellas partes de la cadena donde tenemos capacidades y ventajas reales.
¿Por qué Ecuador tiene una ubicación geográfica privilegiada para innovar?
Nuestra ubicación ecuatorial no es solamente una curiosidad geográfica. Para determinadas actividades espaciales puede convertirse en una ventaja estratégica.
Uno de los escenarios que comienza a analizar la industria tecnológica es la posibilidad de desarrollar, en el futuro, centros de datos en órbita.
Aunque se trata todavía de una tecnología emergente, responde a la búsqueda de alternativas frente al enorme consumo energético y de agua asociado a la expansión de la inteligencia artificial y de los centros de datos terrestres.
Si esta infraestructura llega a desarrollarse a gran escala, Ecuador debería preguntarse desde ahora cómo aprovechar su ubicación y convertirse en uno de los puntos de conexión de esas futuras redes.
Nuestra geografía también abre otras posibilidades. Zonas de cultivo a más de tres mil metros, expuestas a condiciones particulares de radiación y temperatura, podrían servir para investigar plantas y alimentos capaces de adaptarse a ambientes extremos, con potencial en biotecnología y futuras misiones espaciales.
Danos ejemplos de soluciones prácticas para la economía ecuatoriana.
La tecnología espacial cobra sentido cuando ayuda a resolver problemas concretos.
Los datos satelitales pueden tener aplicaciones directas en sectores importantes para Ecuador. En agricultura permiten monitorear cultivos, optimizar recursos y detectar problemas con rapidez. También pueden aplicarse en acuacultura, gestión de riesgos, monitoreo de volcanes, inundaciones o incendios, control marítimo y protección de ecosistemas.
Hablar de economía espacial no significa solamente hablar de “ir al espacio”. Significa identificar qué partes de esa economía pueden generar conocimiento, empleo, inversión y soluciones para problemas que ya tenemos aquí.
¿Cuáles son los principales desafíos institucionales y legales?
El desarrollo de esta industria requiere más que tecnología y antenas. Ecuador necesita construir una visión nacional que incluya educación, investigación, industria, derecho espacial, telecomunicaciones, ciberseguridad, políticas públicas y desarrollo empresarial.
También aparecen debates sobre regulación, responsabilidad, seguridad y soberanía. Instituciones como la Agencia de Regulación y Control de las Telecomunicaciones – ARCOTEL tienen un papel importante para encontrar un equilibrio, regular lo necesario, generar seguridad jurídica y evitar que una normativa demasiado burocrática frene la innovación. Se ha dado un primer paso al crear un registro estatal de infraestructura espacial.
“Creo que la clave está en pensar de manera eficiente y mirar otras experiencias. Suecia, por ejemplo, tiene una institucionalidad espacial relativamente pequeña y especializada. Ecuador no necesita necesariamente crear estructuras enormes. Necesita instituciones ágiles, especializadas y que produzcan resultados concretos”.
¿Qué ventaja competitiva tiene Ecuador en este ecosistema global?
Juan concluye: “La ventaja más grande que tenemos es todo lo bueno y malo que hemos vivido a lo largo de estos más de 200 años”.
Los ecuatorianos estamos acostumbrados, muchas veces por necesidad, a resolver problemas complejos con recursos limitados, sorteando restricciones presupuestarias, dificultades de infraestructura, cambios institucionales o cortes de energía.
Lo que normalmente vemos como una debilidad puede convertirse también en una fortaleza. Esa capacidad de adaptarnos y seguir avanzando puede ser valiosa en una industria que cambia muy rápido y donde muchas reglas todavía se están definiendo.
La oportunidad de Ecuador no está en convertirse en una copia pequeña de Estados Unidos, China o Europa. Está en entender qué hacemos bien, dónde tenemos ventajas y cómo conectarnos con las cadenas globales de una industria que recién está tomando forma.
Juan deja abierta una pregunta para nuestra sociedad y, especialmente, para quienes toman decisiones: ¿Estamos listos para mirar hacia arriba, superar nuestros propios estigmas y construir nuestra propia soberanía tecnológica?
Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/opinion/ecuador-oportunidad-infraestructura-espacial-global-lorena-naranjo-columnista/

